Educación y la experiencia del conflicto con el campo
La gestión de Gobierno suele provocar espejismos megalómanos en los gobernantes. Debe aceptarse que los cuerpos colegiados, en este sentido generan ciertos anticuerpos contra el aislamiento intelectual, y sus consecuencias más lesivas: la soberbia y la autosuficiencia.
Pero claro, en nuestro país individualista con base histórica, los auténticos equipos de Gobierno no tienen gran prestigio. Es que se suele destacar en ellos lo burocrático de las decisiones y lo dificultoso de la convivencia.
Es bastante posible que estas consideraciones tengan que ver con el conflicto que por estos días enfrenta al campo con el Gobierno. Y no sólo aplicable, vale aclarar, al comportamiento de este último. Es que si uno se despoja de adhesiones soliviantadas y toma el trabajo de desmenuzar ideológicamente esta disputa, encontrará exaltaciones del yo en igual proporción que desprecio del nosotros, por todos partes.
Dicen los mejores informados, que el conflicto que desvela a los argentinos tiene los días contados, y ojalá así sea, pero estoy en todo de acuerdo con aquellos que visualizan el final de la contienda campo - Gobierno, como punto de inicio de otros reclamos sociales, que amén de socavar la tan deseada paz social, va a traer como consecuencia el nacimiento de nuevos liderazgos encarnado o no por nuevos líderes, pero sin duda con necesarias novedosas formas de hacer frente a los problemas.
Los conflictos laborales en educación son un clásico, y no como algunos creen de los últimos tiempos, el siglo pasado está signado por enfrentamientos de gobiernos con los sindicatos docentes, a punto tal que en no pocas situaciones registradas por la historia debilitaron estructuras nacionales ideológicamente consolidadas: Yrigoyen, en su segundo mandato, Perón, Frondizi, Alfonsín y Menem son sólo ejemplos traídos desde un rápido repaso memorístico.
Justamente fue este último presidente, quien en un pase de magia política, tan pragmático como característico de aquellos años, evitó que estos ciclos de desgaste se sigan produciendo. Sancionó la ley 24.049 y sin percatar en consecuencias lacerantes para el sistema educativo, transfirió las escuelas a las provincias. Desde entonces, historia conocida, las protestas educativas sólo desgastan a las gestiones provinciales.
Lo dicho, resulta necesario para afianzar esta idea: es factible que cuando finalice el conflicto con el campo se generen nuevos conflictos sociales. Es razonable pensar que el sector educativo sea uno de los que plantee sus reclamos con mayor vehemencia. Es lógico también, suponer que un Gobierno nacional con cierto desgaste en estas faenas, no saldrá a complicarse en demasía por asistir a las provincias.
Es posible y sólo posible que el gobernador Binner deba enfrentar con caja empobrecida reclamos sectoriales en los próximos meses. Será viable que demuestre no estar contagiado de aislamiento del poder del que hacíamos referencia, tomando medidas preventivas, es decir antes que el conflicto estalle.
Si es así regalo una: convocar a un pacto educativo provincial amplio que se proponga discutir un modelo educativo provincial autónomo.
Que considere retomar la senda de un Gobierno colegiado en educación, como fueron los Consejos Generales de Educación y que establezca una grilla de medidas a tener en cuenta de manera prioritaria en los próximos 20 años, gobierne quien gobierne. Creo que a eso se le llama Políticas de Estado. Grandes ausentes de la vida política argentina del último cuarto de siglo. Políticas de Estado, fruto de pactos sociales, lo mismo que hoy reclaman en la ruta los sectores del campo.
Dr. Ricardo Dupuy
www.esproa.com.ar
Esta artículo fue publicado en el diario La Opinión de Rafaela:
http://www.laopinion-rafaela.com.ar/opinion/2008/06/09/h860905.php